El 12 de junio de 1985 se firmaba en el salón del Trono del Palacio Real de Madrid el Tratado de adhesión de España a las Comunidades Europeas, que entraría en vigor el 1 de enero de 1986. Tras largos años de negociaciones y con ciertos recelos y temores, España comenzaba un profundo proceso de transformación política, económica y social en el marco del proceso de integración europeo. El objetivo de este artículo es, por un lado, ofrecer un balance de las transformaciones experimentadas por España desde su adhesión a la Comunidad Europea, por otro, plantear los principales retos futuros a los que se enfrenta España, tanto internos como en el ámbito exterior. Para ello, se han escogido una serie de indicadores especialmente significativos sobre los que articular el discurso de la transformación de España y su rápido proceso de modernización económica y europeización.
En el terreno político, destaca la notable solidez del sentimiento de identificación y apoyo al proceso de integración europea en España (mayor que en otros países). También resulta revelador hasta qué punto los españoles han desarrollado nuevas actitudes y valores en relación con la política, valores que muestran una cultura política democrática afianzada, una enorme satisfacción con el proceso de descentralización y una creciente solidaridad internacional. Todo ello muestra y, a la vez apoya, un proceso mediante el cual España, tradicionalmente ausente del escenario internacional, ha luchado por situarse en la primera fila de los países más comprometidos con el desarrollo, la paz y la seguridad internacionales. La pujanza de su cultura y de su lengua, sumado a unos valores que reflejan un compromiso activo de los españoles con un mundo más abierto, más equitativo y más democrático, plantean un panorama radicalmente distinto al de la España introvertida y aislada del pasado.
Finalmente, en el ámbito internacional, marcado por la ampliación a 27 miembros de la Unión Europea, pero también por la existencia de importantísimos desafíos en términos de paz y seguridad, sostenibilidad y acceso y distribución de los recursos, España tiene todavía que consolidar un espacio propio entre los Estados más grandes e influyentes, así como construir unas capacidades e instituciones que sostengan y hagan posible esta vocación de liderazgo. Por ello, a pesar de la buena voluntad, sin los medios materiales adecuados, España difícilmente logrará realizar una aportación sustantiva a la gobernanza global.
El 1 de enero de 2002 el euro comenzaba a convivir con la peseta, que desaparecería seis meses después. Cinco años más tarde, la Asociación de Amas de Casa, Consumidores y Usuarios, realizó un estudio de los precios de 59 productos y servicios cotidianos, que tiene como fin comprobar el impacto de la introducción del euro.
Los resultados son rotundos, una subida generalizada y desproporcionada de los precios, de un 60%, liderada por las primeras subidas en 2006 de los servicios públicos o regulados (transporte, tarifas postales, lotería) en hostelería y alimentación.
En lo que se refiere a productos de primerísima necesidad, el que más se ha encarecido es el pan, que en tan sólo cinco años ha duplicado su precio. Un ascenso también preocupante, es el que han experimentado artículos como el tomate, la cebolla, el aceite o la carne de cerdo, que han subido alrededor del 70%.
Todos estos incrementos de precios, han supuesto un fuerte ataque a la economía familiar. «El estudio es de productos que consumimos diariamente. Con la subida generalizada que se ha producido, la compra media semanal de una familia de cuatro miembros se ha incrementado un 88,5 %, con respecto a hace cinco años. Antes la gente llenaba el carro por tan sólo 5.000 pesetas y ahora con 50 euros no lo llenas. El incremento del precio de la compra en los últimos cinco años ha sido bestial y exagerado».
Como es lógico, también se refleja en el menú diario de una familia, que ha subido 66,3%, algo insostenible, teniendo en cuenta que los sueldos no han subido al mismo ritmo. «Los sueldos no están congelados, pero sí un poco estancados. La subida de los precios ha sido enorme. Los sueldos parece que se van a subir, pero en comparación al resto de subidas, desde luego que no».
La cesta de la compra no es lo único que ha subido. El ocio y la restauración son otros sectores a los que la llegada del euro ha afectado al alza, principalmente por el redondeo de los primeros meses del euro. Productos como la cerveza, el café con leche o la entrada de cine, subieron un 66%, en los primeros 12 meses de vida del euro. El ascenso final en estos cinco años ha sido elevado, un 80% en el caso del café y el cine y un 99,6 % en el de la cerveza que prácticamente ha duplicado su precio.
Los menús del día han crecido un 66%, lo que viene a cumplir esa sensación generalizada. «Con la llegada del euro, la mayor parte de la gente se ha quedado con la sensación de que 100 pesetas equivalen a 1 euro. Se notó mucho al principio y la gente lo tenía muy claro, porque lo veían directamente en las viejas tiendas de todo a cien».
Este redondeo se aplicó a los productos que costaban menos de un euro, como el café y la cerveza o los aperitivos, que han crecido un 107,7 % y las gominolas, que han subido un 66% por unidad.
En las tecnologías, los teléfonos móviles cuestan un 66% más que hace cinco años.
La entrada de España supuso una mejora de las infraestructuras españolas a cuenta de ayudas europeas. Pero a menos que todavía creas en Papa Noel y que los demás países van regalando por ahí dinero por lo guapos y simpáticos que somos los españoles te darás cuenta que esas ayudas fueron a cambio o una compensación por algo.
España era una potencia agrícola cuando entró en Europa. Países como Francia por ejemplo, muy proteccionistas en esa materia, nos tenían mucho miedo por eso e impusieron restricciones en un montón de productos. Así se pidió que restringiéramos nuestra producción de vino, se implantó un cupo lácteo deficitario (se obliga a España a producir menos leche de la que consume para así absorber excedentes europeos) se obligó a desmantelar buena parte de la flota pesquera, en la que España no tenía rival en Europa y un largo etc.
Y lo mismo pasó en muchas industrias. Se exigió a España el cierre de varias de buena parte de sus astilleros sencillamente porque holandeses y alemanes no podían competir con ellos.
Recortes en la producción minera y siderometalúrgica (los alemanes consideraron que sería mejor aunque compráramos el acero y otros metales a sus industrias...). Todos estos sacrificios fueron a cargo de compensaciones económicas.
Otros países como Grecia y Portugal recibieron más ayudas que España y les ha ido mucho peor.
Nos vimos obligados a cortar miles de vides y olivos, a sacrificar miles de cabezas de ganado, a renunciar a parte de las cuotas de pesca que poseíamos entonces. Con el inestimable favor de Francia protegiendo su zona sureste del poderío económico español.
Por eso muchos agricultores y ganaderos se vieron obligados a abandonar el campo.
La entrada a la Unión Europea ¿nos fue muy provechosa?, pues nos ha ayudado a obtener grandes mejoras tanto en infraestructuras como desarrollo científico e industrial, además de puestos de trabajo que anteriormente no se habrían podido conseguir, y también la entrada de inmigrantes para dar otro paso importante para la economía española actual.
En fin, que cada cual saque sus conclusiones.



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