jueves, 13 de marzo de 2008

NO ES BUENO QUE EL HOMBRE ESTÉ SOLO

 Me encanta sentarme al aire libre en una terraza de esos cafés madrileños, fumar un cigarro, picar algo de comer y observar a los paseantes.

No me fijo en las chicas, sino en los matrimonios, sobre todo en sus mujeres. No son despampanantes; no son estrellas de cine. Algunas son guapas, pero a la mayoría se las puede considerar del montón.
Veo como se dirigen de un sitio a otro, paseando, con prisas, charlando, agarrados o sueltos.
Cabe suponer que son mujeres que tienen un nivel cultural medio y son como la mayoría de la gente, comunes y corrientes.
Sin embargo, para los hombres que van con ellas, no tienen nada de corrientes: lo son todo en el mundo.

Según el Génesis,: “Dios dijo: “No es buen que el hombre esté solo; le daré una compañera semejante a él” y “creó a la mujer”.

No dice que ha hecho una mujer hermosa o ingeniosa; hizo la mujer elemental.
¿Por qué esta mujer es tan valiosa para el hombre?
Por tres razones. En primer lugar por que le da contacto físico, y no me refiero al sexual, que sin duda es importante, sino a las caricias, abrazos, etc. Algo importante para el ser humano desde que nacemos, pues siendo bebes necesitamos ese contacto para sentirnos bien y reconfortados.

Segundo, la conversación. Pieza fundamental en una buena relación. Estas parejas quizá lleven 30 años o más hablándose, se podría pensar que ya no tienen nada que decirse, pero lo cierto es que entre ellos pueden hablar como no lo hacen con nadie más. El o ella pueden hablar de cualquier cosa sin el temor de que el otro piense algo, simplemente por que se conocen bien, saben que cuentan con el interés y comprensión del otro.

El fin principal de esa charla no es informar de algo, sino decir: “Aquí estoy, y se que tú estas ahí”.

En tercer lugar, la mujer satisface la necesidad del hombre de ser necesitado. Si nadie nos necesita, ¿Qué objetivo tiene vivir? Aunque los demás (jefes, compañeros, vecinos…) nos digan que nos necesitan, para ellos somos sustituibles a algún precio.
Para nuestra mujer somos irreemplazables, y eso nos da seguridad para enfrentarnos al mundo cada día.

Así pues, esta mujer “común y corriente” es lo más preciado para su pareja. Y aunque escribo esto desde el punto de vista masculino, de ninguna manera creo que la relación sea unilateral. Al contrario, estoy seguro que es recíproca.



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